TEMA 4
SEGUNDA Parte:
Deberes de los médicos en sus
relaciones interprofesionales.
1. Desafíos de la
autoridad médica.
2. Relaciones con
colegas médicos, profesores y estudiantes.
3. Informe de prácticas
inseguras o antiéticas.
4. Relaciones con otros
profesionales de la salud.
5. Cooperación.
6. Solución de
conflictos.
Deberes de los médicos en sus
relaciones interprofesionales.
1. DESAFÍOS DE LA AUTORIDAD MÉDICA
Los
médicos forman parte de una profesión que ha funcionado tradicionalmente de una
manera muy jerárquica, tanto interna como externamente.
En el
ámbito interno, existen tres jerarquías que se sobreponen:
- La primera hace una diferencia entre las especialidades, en la que algunas son consideradas más prestigiosas y mejor remuneradas que otras.
- La segunda está en las especialidades, en la que la académica tiene más influencia que la práctica privada o pública.
- La tercera tiene relación con la atención de pacientes específicos, en la que el que presta atención primaria está al comienzo de la jerarquía y los otros médicos, incluso con más autoridad o conocimientos, sirven simplemente como consultores, a menos que el paciente le sea destinado a su cuidado.
En el
plano externo, los médicos por tradición han estado al comienzo de la jerarquía
del cuerpo que presta atención médica, por sobre las enfermeras y otros
profesionales de la salud.
Este
capítulo abordará problemas éticos que se producen tanto en las jerarquías
interna como externa. Algunos problemas son comunes a ambas, otros se dan sólo
en una de las dos. Muchos problemas son relativamente nuevos, ya que son
producidos por los recientes cambios que ha experimentado la medicina y la
salud.
La
breve descripción de estos cambios tiene un orden, puesto que representan
desafíos importantes para el ejercicio tradicional de la autoridad médica. Con
el rápido aumento de los conocimientos científicos y sus aplicaciones clínicas,
la medicina se ha vuelto muy compleja. No
es posible que el médico sea experto en todas las enfermedades del paciente y
los tratamientos potenciales, por lo que necesita la ayuda de otros médicos
especialistas y profesionales de la salud experimentados, como las
enfermeras, los farmacéuticos, los kinesiólogos, los técnicos de laboratorios,
los asistentes sociales y muchos otros. Los médicos necesitan saber cómo tener
acceso a los conocimientos pertinenes que necesitan los pacientes y que ellos
no poseen.
El
paternalismo médico ha sido afectado gradualmente por el creciente reconocimiento
del derecho de los pacientes a tomar sus propias decisiones médicas. Esto ha
tenido como consecuencia que el modelo
de toma de decisiones cooperativo ha reemplazado al modelo autoritario que era
característico del paternalismo médico tradicional. Lo mismo sucede con las
relaciones entre los médicos y los otros profesionales de la salud. Estos no están dispuestos a seguir las
órdenes de los médicos sin conocer las razones que las motivan. Se consideran profesionales con
responsabilidades éticas específicas hacia los pacientes, si su percepción de
estas responsabilidades entra en conflicto con las órdenes de los médicos,
estiman que deben cuestionar las órdenes o incluso desafiarlas. En cambio
en el modelo jerárquico de autoridad nunca se dudó de quien estaba a cargo y
quien debía prevalecer en caso de conflicto, el modelo cooperativo puede
producir polémica sobre la atención apropiada para el paciente.
Estos
avances están cambiando las “reglas del juego” en las relaciones de los médicos
con sus colegas y los otros profesionales de la salud. El resto de este
capítulo identifica algunos aspectos problemáticos de estas relaciones y
sugiere cómo tratarlos.
2. RELACIONES CON COLEGAS MÉDICOS, PROFESORES Y ESTUDIANTES.
Por
formar parte de la profesión médica, siempre se ha esperado que los médicos se
traten entre ellos como miembros de una familia, más que extraños o incluso
amigos. La Declaración de Ginebra de la AMM incluye esta promesa: “prometo considerar como hermanos y hermanas
a mis colegas”. La interpretación de este requisito puede variar de acuerdo
el país y a la época. Por ejemplo, cuando los honorarios por servicio prestado
era la principal o única forma de remuneración de los médicos, existía la
tradición de la “cortesía profesional” en la que los médicos no cobraban por atender
a sus colegas. Esta práctica se ha ido perdiendo en los países donde existe el
reembolso de parte de un organismo.
Además
del requisito positivo de tratar a su colega con respeto y trabajar de manera
cooperativa para aumentar al máximo la atención del paciente, el Código Internacional
de Etica Médica de la AMM contiene restricciones a las relaciones de los
médicos con sus colegas:
- El pago o recibo de cualquier honorario u otro emolumento con el solo propósito de obtener un paciente o recetar, o enviar a un paciente a un establecimiento y
- El médico no debe atraer a los pacientes de sus colegas.
- Una tercera obligación, denunciar a los médicos débiles de carácter o deficientes en competencia profesional, se analiza más adelante.
Según
la tradición hipocrática de ética médica, los
médicos deben tener un respeto especial por sus profesores. La Declaración de
Ginebra lo afirma de la siguiente manera:
“otorgar a mis maestros el respeto y gratitud que merecen”. Aunque la
educación médica actual incluye múltiples interacciones entre estudiantes y
profesores, en lugar de la relación personal de antes, todavía depende de la
buena voluntad y la dedicación de los médicos que ejercen, quienes con
frecuencia no reciben remuneración alguna por sus actividades en la enseñanza.
Los estudiantes de medicina y otros alumnos en práctica tienen un deber de
gratitud hacia sus profesores, sin los cuales la educación médica se vería
reducida a una auto instrucción.
Por su parte, los profesores tienen la obligación de tratar
a sus estudiantes con respeto y servir de buenos modelos para tratar a los
pacientes. El llamado “currículo oculto” de la educación médica, es decir, la conducta que exhiben los médicos durante
sus prácticas, es mucho más influyente que el currículo oficial de ética
médica y si se presenta un conflicto entre los requisitos de la ética y las
actitudes y conducta de sus profesores, es muy probable que los estudiantes de
medicina sigan el ejemplo de sus profesores.
Los profesores tienen la obligación particular de pedir a
sus alumnos que no realicen prácticas antiéticas.
Ejemplos de estas prácticas que han sido informadas en las revistas médicas incluyen
a estudiantes de medicina que obtienen consentimiento del paciente para
tratamiento médico cuando lo debe hacer un profesional de la salud cualificado,
realizar exámenes pélvicos sin consentimiento en pacientes anestesiados o
recién fallecidos y llevar a cabo procedimientos no supervisados que, aunque
sean menores (como una inserción intravenosa), algunos estudiantes consideran
que no están incluidos en sus actividades. Dado
el desigual equilibrio de poder entre estudiantes y profesores y la consecuente
mala disposición de los estudiantes a cuestionar o rechazar dichas órdenes, los
profesores necesitan asegurarse que no están pidiendo a sus alumnos actuar de
manera antiética. En muchas escuelas de medicina, hay representantes de curso
o asociaciones de estudiantes de medicina que, entre sus funciones, pueden
plantear preocupaciones por problemas éticos en la educación médica. Los
estudiantes que tienen inquietudes sobre los aspectos éticos de su educación
deben tener acceso a mecanismos que les permitan plantear sus preocupaciones
sin ser identificados necesariamente como el denunciante, también acceso a
ayuda apropiada si es necesario iniciar un proceso más formal.
Por su parte, se espera que los estudiantes de medicina
demuestren altos niveles de conducta ética apropiada a futuros médicos; deben tratar
a los otros estudiantes como colegas y estar preparados a ofrecer su ayuda
cuando sea necesario, incluida una observación correctiva frente a un
comportamiento no profesional. También los estudiantes
deben contribuir plenamente a proyectos y deberes compartidos, como tareas de
estudio y servicio de turno.
3. INFORME DE PRÁCTICAS INSEGURAS O ANTIÉTICAS
La medicina tradicionalmente ha estado orgullosa por su
calidad de profesión auto reguladora. A
cambio de los privilegios que le ha otorgado la sociedad y la confianza que
depositan los pacientes en sus miembros, la
profesión médica ha establecido altos niveles de conducta para sus miembros y
procedimientos disciplinarios para investigar las acusaciones de mala conducta
y, si es necesario, castigar a los culpables. Este sistema de
autorregulación a menudo ha fallado y en los últimos años se han tomado medidas
para que la profesión sea más responsable, por
ejemplo, con el nombramiento de miembros no profesionales como autoridades reguladoras.
Sin embargo, el requisito principal de la autorregulación es el apoyo sincero
de los médicos a sus principios y su voluntad para reconocer y abordar las
prácticas inseguras y antiéticas.
La obligación de informar sobre la incompetencia, el
menoscabo o la mala conducta de un colega está estipulada en los códigos de
ética médica. Por ejemplo, el Código Internacional de
Etica Médica de la AMM establece que:
“el médico debe informar a las autoridades apropiadas sobre
los médicos que practiquen en forma antiética e incompetente o a los que
incurran en fraude o engaño”.
La
aplicación de este principio no es fácil. Por un lado, el médico puede tener la
tentación de atacar la reputación de un colega por motivos personales indignos,
como los celos, o en respuesta a un insulto percibido por un colega. El médico
también puede ser reacio a informar la mala conducta de un colega por amistad o
simpatía. Las consecuencias de dicho informe pueden ser muy perjudiciales para
la persona que informa, incluida con seguridad la hostilidad de parte del
acusado y posiblemente de otros colegas también.
A pesar de los inconvenientes de denunciar la mala
conducta, es un deber profesional del médico hacerlo.
Estos no sólo son responsables de mantener la buena reputación de la profesión,
sino con frecuencia son los únicos que reconocen la incompetencia, el menoscabo
o la mala conducta. No obstante, la denuncia de colegas a la autoridad disciplinaria
debe ser normalmente un último recurso después de haber tratado otras
alternativas sin éxito. El primer paso podría ser acercarse al colega y decirle
que considera que su conducta e insegura
o antiética. Si el asunto puede resolverse a este nivel, tal vez no sea
necesario ir más allá. Si no es así, la próxima etapa podría ser conversar con
su supervisor o el del colega en cuestión y dejar que dicha persona tome una decisión.
Si esta táctica no es práctica o no tiene éxito, entonces será necesario
informar a las autoridades disciplinarias.
4. RELACIONES CON OTROS PROFESIONALES DE LA SALUD.
El
capítulo sobre las relaciones con los pacientes empieza con un análisis de la
importancia del respeto y trato igualitario en la relación médico-paciente. Los
principios mencionados allí son igualmente pertinentes para las relaciones con
los colegas de trabajo. En particular la prohibición de discriminar en base a “edad, enfermedad o incapacidad, credo,
origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual,
clase social o cualquier otro factor” (Declaración de Ginebra de la AMM) es
aplicable al tratar con todas las personas que interactúan con los médicos en
la atención de pacientes y otras actividades profesionales.
La no discriminación es una característica pasiva de una
relación. El respeto
es algo más activo y positivo. Con respecto a otro personal de salud, sean
médicos, enfermeras, auxiliares, etc., implica la valorización de sus
conocimientos y experiencia en cuanto a que pueden contribuir a la atención de los
pacientes. Todo el personal de salud no es igual desde el punto de vista de su
educación y formación, pero sí comparten una igualdad humana básica al igual que
una preocupación similar por el bienestar de los pacientes.
Sin
embargo, así como con los pacientes, hay razones legítimas para negarse a
iniciar una relación o terminarla con otro personal de la salud. Entre ellas
están la falta de confianza en la capacidad o integridad de la otra persona y
graves conflictos personales. El médico debe tener mucha sensibilidad ética
para distinguir esto de motivos menos importantes.
5. COOPERACIÓN.
La medicina es al mismo tiempo una profesión muy
individualista y muy cooperativa. Por
un lado, los médicos consideran a los pacientes como “su propiedad”. Se asegura, con buena razón, que la relación médico-paciente
es el mejor medio de conocer al paciente y lograr la continuidad en la atención
que son óptimos para la prevención y el tratamiento de las enfermedades. La
retención de los pacientes también beneficia al médico, al menos desde el punto
de vista financiero. Al mismo tiempo, como se ha dicho antes, la medicina es
muy compleja y especializada, lo que requiere una cooperación más estrecha
entre los médicos que tienen conocimientos y experiencias distintos, pero complementarios.
Esta tensión entre individualismo y
cooperación es un tema recurrente en la ética médica.
El debilitamiento del paternalismo médico ha estado
acompañado de la desaparición de la creencia de que al médico “le pertenecen”
sus pacientes. El tradicional derecho del paciente de obtener una segunda opinión se ha ampliado
para incluir el acceso a otro personal de salud que tal vez esté en mejores
condiciones de satisfacer sus necesidades. Según la Declaración de la AMM sobre
los Derechos del Paciente: “El médico
tiene la obligación de cooperar en la coordinación de la atención médicamente indicada,
con otro personal de salud que trata al paciente”. Sin embargo, como se ha
hecho ver antes, los médicos no deben aprovecharse de esta cooperación con la
repartición de honorarios.
Estas
restricciones sobre la “propiedad” de los pacientes necesitan ser compensadas
con otras medidas destinadas a resguardar la primacía de la relación
médico-paciente. Por ejemplo, un paciente que es tratado por más de un médico,
lo que ocurre generalmente en un hospital, debe, cuando sea posible, tener un
médico que coordine la atención y que pueda mantenerlo informado sobre sus
avances y ayudarlo a tomar decisiones.
Mientras las relaciones entre médicos están reguladas por
reglas generalmente bien formuladas y entendidas, las relaciones entre los
médicos y otros profesionales de la salud están en un estado nebuloso y no hay
acuerdo sobre cuáles deben ser las funciones respectivas.
Muchas enfermeras, farmacéuticos, kinesiólogos y otros profesionales se consideran
más competentes en sus especialidades que los médicos y estiman que no existe
ninguna razón para no ser tratados igual que los médicos. Ellos favorecen un
enfoque de equipo en la atención del paciente en el que las opiniones de todos
deben ser consideradas igual y piensan que son responsables ante el paciente,
no ante el médico. Por otro lado, muchos médicos creen que si se adopta la idea
de equipo alguien tiene que estar a cargo y los médicos están mejor preparados
para dicha función por su educación y experiencia.
Aunque
algunos médicos pueden resistirse a los desafíos contra su autoridad tradicional
y casi absoluta, es casi seguro que su función cambiará debido a las exigencias
de los pacientes y otro personal médico para tener más participación en la toma
de decisiones médicas. Los médicos
tendrán que ser capaces de justificar sus recomendaciones frente a otros y
convencerlos de aceptarlas. Además de estas habilidades de comunicación,
los médicos tendrán que poder solucionar los conflictos que se producen entre las
distintas personas involucradas en la atención del paciente.
El recurso del paciente a personal de salud tradicional o
alternativo (“curanderos”) presenta un desafío particular
a la cooperación por el mejor interés del paciente. Estas personas son
consultadas por una gran proporción de la población en África y Asia y cada vez
más en Europa y América. Aunque algunos considerarán estos dos enfoques
complementarios, en muchas situaciones se pueden producir conflictos. Puesto
que al menos algunas intervenciones tradicionales y alternativas tienen efectos
terapéuticos y son escogidas por los pacientes, los médicos deben tratar de
cooperar con sus profesionales. La manera de hacerlo variará según el país y el
tipo de profesional. En todas estas interacciones el bienestar del paciente
debe primar sobre todo.
6. SOLUCIÓN DE CONFLICTOS.
Aunque
los médicos pueden tener muchos tipos de conflictos distintos con médicos y
otro personal de salud, por ejemplo, debido a procedimientos administrativos o
remuneraciones, trataremos los conflictos por atención de pacientes.
Idealmente, las decisiones de salud deben reflejar un
acuerdo entre el paciente, los médicos y todas las otras personas involucradas
en la atención del paciente. No obstante, la
incertitud y los distintos puntos de vista pueden dar paso a desacuerdos sobre
los objetivos de la atención o los medios utilizados para lograr dichos
objetivos. Los recursos de salud limitados y las políticas de funcionamiento
también pueden dificultar la obtención de un consenso.
Los desacuerdos entre el personal de salud respecto a los
objetivos de la atención y el tratamiento o los medios para lograrlos deben ser
aclarados y solucionados por los miembros del equipo de salud, a fin de no
perjudicar sus relaciones con el paciente.
Los
desacuerdos entre el personal de salud y los administradores en relación con la
asignación de recursos deben ser resueltos al interior del establecimiento y no
deben ser discutidos en presencia del paciente. Puesto que ambos tipos de
conflictos son de naturaleza ética, el asesoramiento de un comité de ética
clínica o un consultor de ética, cuando se dispone de los recursos, pueden ayudar
a solucionar estos conflictos.
Se
pueden utilizar las siguientes directrices para la solución de conflictos:
- Los conflictos se deben
solucionar de la manera más informal posible, por
ejemplo, por medio de una negociación directa con las personas en desacuerdo y sólo
utilizar procedimientos más formales cuando dichas medidas informales no den
resultado.
- Se debe obtener las opiniones de todas las personas directamente involucradas y respetarlas.
- La elección informada del
paciente, o del representante autorizado, sobre el
tratamiento se debe considerar ante todo en la búsqueda de una solución del
conflicto.
- Si el conflicto es sobre qué
opciones se le deben ofrecer al paciente, por lo general es preferible una gama
de opciones más amplia que estrecha. Si un
tratamiento preferido no está disponible por falta de recursos, esto
normalmente debe ser informado al paciente.
- Si luego de esfuerzos
razonables, no se puede lograr un acuerdo a través del diálogo, se debe aceptar
la decisión de la persona que tiene derecho o responsabilidad de decidir.
Si no está claro quién tiene derecho o responsabilidad de tomar decisiones, se
debe buscar una mediación, arbitraje o fallo.
Si el
personal de salud no puede aceptar la decisión que prevalece por juicio
profesional o moral personal, se les debe permitir que no participen en la
implementación de la decisión, después de asegurarse que la persona atendida no
queda en situación de riesgo o abandono.
7. LA RELACIÓN CON OTROS PROFESIONALES EN EL CÓDIGO DE
ÉTICA MÉDICA DEL BRASIL:
Sección Principios Fundamentales:
XVII -
Las relaciones del médico con los demás profesionales deben basarse en el
respeto mutuo, en la libertad y en la independencia de cada uno, buscando
siempre el interés y el bienestar del paciente.
XVIII
- El médico tendrá, para con los colegas, respeto, consideración y solidaridad,
sin eximirse de denunciar actos que contradigan los postulados éticos.
VII - RELACIÓN ENTRE MÉDICOS
Es
vedado al médico:
Art.
47. Utilizar de su posición jerárquica para impedir, por motivo de creencia
religiosa, convicción filosófica, política, interés económico o cualquier otro,
que no técnico-científico o ético, que las instalaciones y los demás recursos
de la institución bajo su dirección, sean utilizados por otros médicos en el
ejercicio de la profesión, particularmente si son los únicos existentes en el
lugar.
Art.
48. Asumir empleo, cargo o función para suceder a un médico despedido o alejado
en represalia a la actitud de defensa de movimientos legítimos de la categoría
o de la aplicación de este Código.
Art.
49. Asumir conductas contrarias a movimientos legítimos de la categoría médica
con la finalidad de obtener ventajas.
Art.
50. Encubrir el error o conducta antiética de médico.
Art.
51. Practicar competencia desleal con otro médico.
Art.
52. No respetar la prescripción o el tratamiento del paciente, determinados por
otro médico, aun cuando en función de jefatura o de auditoría, salvo en
situación de indiscutible beneficio para el paciente, debiendo comunicar
inmediatamente el hecho al médico responsable.
Art.
53. Dejar de encaminar al paciente que le fue enviado para procedimiento
especializado de vuelta al médico asistente y, en la ocasión, proporcionarle
las debidas informaciones sobre lo ocurrido en el período en que por él se
responsabilizó.
Art.
54. Dejar de proporcionar a otro médico información sobre el cuadro clínico de
paciente, siempre que sea autorizado por éste o por su representante legal.
Art.
55. Dejar de informar al sustituto el cuadro clínico de los pacientes bajo su
responsabilidad al ser sustituido al final de su turno de trabajo.
Art.
56. Utilizarse de su posición jerárquica para impedir que sus subordinados
actúen dentro de los principios éticos.
Art.
57. Dejar de denunciar actos que contradigan los postulados éticos a la
comisión de ética de la institución en que ejerce su trabajo profesional y, si
es necesario, al Consejo Regional de Medicina.








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